Capítulo 4: Secuelas, secretos, rutina y ensaladas

Tenía tres puntos de partida, pero sólo había recopilado una rethíla de frases sueltas, dibujos, fechas y por consiguiente no había escrito ni el primer capítulo del cuaderno de Darth Vader.

Para obligarme a escribir, llevaba el borrador en el móvil y lo repasaba montado en el bus, camino del trabajo.

Aparté la vista del móvil y miré hacia el conductor.

bus

Eran las ocho de la mañana y aún no me creía la llamada de hace tres días. Me habían llamado de recursos humanos, de la empresa donde estuve de prácticas para decirme que después de dos meses sin trabajo me esperaba un contrato de verdad sobre la mesa. Todo eso significaban dos cosas: que las prácticas habían llegado a buen puerto y ahora sí, era ingeniero de I+D, con todas sus letras.

Volví la vista al móvil, al puñado de frases que no se podía llamar ni borrador y pensé en los comienzos.

Pero nada.

El autobús llegó a su parada y yo seguía con una colección de frases inconexas.

Me quité el pendiente y lo metí en el bolsillo. En ese sitio parecía que se cumplía un código de vestimenta por el que nunca pregunté. Esa y otras miles de preguntas, mezclada con nervios, eran las sensaciones propias de un novato en su primer día. Ahora como ingeniero todo eso mutaba en sensaciones propias de un ingeniero durante su primer día de trabajo.

Suerte que tenía sobre la mesa un dossier con con las tareas que tendría que ir desarrollando.

Pero no me acerqué. En vez de eso me quedé mirando la mesa como el que contempla una pieza de museo. Porque justo delante de la mesa me veía a mí. O lo que había sido antes de todo lo que pasó el día que murió Suricato Capitán.

cap4. Rutina, ensaladas, secuelas y secretos

Unas palmaditas en la espalda me hicieron volver en sí. Acababa de entrar en el despacho el compañero más madrugador.

-¡Tío! ¿Que te has hecho? ¡Estás delgadísimo!

-Ejercicio. Bastante.- Mentí.
Eran las secuelas.

Evidentemente no iba a contar allí historias de Suricato, Sombra, la fortaleza o la muchacha de los ojos verdes.

Eran los secretos, y eran demasiados para explicarlos de golpe.

Me senté en la mesa y comencé a ojear el dossier sobre mi mesa. Iba a programar mi trabajo durante los siguientes meses. Como las malas costumbres no se pierden abrí la bandeja de entrada en el ordenador y perdí el tiempo leyendo todos y cada uno de los correos que había recibido.
Era la rutina.

Después de tanto caos, era un alvio volver a todo aquello sabiendo que el día siguiente iba a ser exactamente igual que el anterior. El mismo horario, el mismo desayuno, el mismo almuerzo.

Eran las ensaladas.

Mientras pensaba que ensalada me compraría hoy recibí un correo un poco más especial que el resto.
“Su dominio Kuzo Planet expirará este mes,por favor aseguresé de autorizar el pago anual de registro”.

Mi dominio cumplía un año.

Eso significaba que hace un año estaba preparando un proyecto con Zv, Suricato y un compañero del máster.

Un año. Hace justo un año estaba casi al final de mi máster, pensando en como poner en marcha el proyecto de Kuzo Labs y sin saber aún que Suricato, el de verdad estaba ejecutando un plan de fuga de varios engranajes.

Y que uno de ellos era un subrpoyecto perperado por Suricato y Zv vigilados muy de cerca por un compañero del máster de administración de empresas. Este subproyecto se llamaba Kuzo Planet.

Sonó el teléfono sobre mi mesa y dejé de divagar. Al otro lado estaban los de recursos humanos pidiendo que subiera a sus planta a firmar el contrato, recoger la tarjeta de trabajador y buscar una fecha para las pruebas médicas de prevención de riesgos laborales.

A las dos semanas salieron los resultados, era daltónico, demostrando que el rastro genético de Suricato tras la tranfusión era más que evidente.

Las secuelas y secretos.

A las dos semanas ya sabía que había que buscarse otras opciones mejores. Estaba agotado de todo aquello y sabía que yo ya no encajaba allí. Me agotaba todo aquello.
La rutina y ensaladas.

Y fue cuento tuve consciencia de que aquello era como los puntos cardinales de mi nueva brújula: rutina, ensaladas, secuelas y secretos. Si pretendía empezar a contar esta historia, contarla bien, tenía que asegurar cuatro puntos cardinales.

Kuzo Labs, Kuzo planet, un máster en administración de empresas y la fuga de la cárcel.

Ahora sí, Primera arte del Cuaderno de Vader.


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