Los desubicados

El último paseo siginificaba que la brutal cuenta atrás ya había llegado atrás del todo y que estaba otra vez en casa.

Por suerte, seguía teniendo cerca un desgarro por el que escapar al valle: el piso de soltero de Suricato Capitán, la mansión que ahora usaba como plataforma de aterrizaje y por supuesto, por debajo de todo aquello, la Zona Cero.

Por hacerlo todo un poco más llevadero me escapaba por los desgarros mucho más a menudo.

Tanto, que me dió tiempo a explorar la Zona Cero en su totalidad, y descubrir por donde entraba el aire en aquella instalación subterránea. Descubrí la pasarela.

La pasarela estaba por encima de la Zona Cero y aún bajo tierra, y era parte del sistema de ventilación. Tenía únicamente dos salidas, una a al exterior y otra al interior del módulo más alto del complejo. Esas dos unícas salidas estaban comunicadas por aquella estrecha pasarela de hierro que tenía debajo el cielo y por encima ya se podía apreciar la arenisca del desierto que tenía por encima, ese desierto que se veía desde el pisito de soltero de Suricato Capitán.

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Esa pasarela era mi nuevo sitio favorito de pensar.

Y sobre todo ordenar las últimas trazas de esta historia.

El video que había recibido en mi caza espacial, mientras patrullaba sobre Glycerine, mostraba a Suricato recibiendo un disparo. Quien sujetaba la pistola era esa muchacha a la que Suricato había ido a buscar después de fingir su muerte.

Pero entre los acontecimientos que ya sé, y las series que veo sé que hay personajes que reviven con muchísma facilidad. O que son muy dificiles de matar:
Algo me decía que ni los disparos ni una caída de la azotea de varios pisos de altura eran suficientes.

No lo sé. Tenía que hacer una base de datos porque ya hasta incluso yo me liaba.

Por lo menos con eso estaría entretenido, porque agarrado a aquella pasarela, mirando el falso cielo bajo mis pies, echando de menos cada paseo por lo que yo ya había considerado mi barrio, estaba completamente desubicado.

 

[…]

Muchísimo más lejos pero bastante bien ubicada, una nave de varios metros de eslora, amerizada de una manera muy caprichosa se veía al fondo de una isla desierta donde Suricato seguía de vacaciones. La cicatriz del hombro de aquellos últimos disparos más que daño le dieron coraje.

Por suerte, a pesar de contar sólo a unos pocos conocidos su plan secreto no le conto a nadie que por si acaso llevaba un arnés, chaleco antibalas y las cámaras de video de la nave siempre encendidas por si pasaba algo.

Le dió un sorbo a su coca cola cherry en un coco con sombrillitas de colores.

Dentro, en la nave, un ordenador con una conexión muy precaria de internet actualizó lentamente y a trompicones un blog personal donde Suricato podía seguirme la pista.

Cuando la página se actualizó le alegró ver que había dos pestañas nuevas, Remastered, que no sabía muy bien que era y una base de datos.

En ese sentido si que estaba desubicado. Tenía que aclararse con los personajes nuevos.

Sabía que algunos en concreto podían darme muchos quebraderos de cabeza.

Como dispararme una vez más.

personajes

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