Situación de negociar

Finales de marzo. 2016.

Suricato, el de verdad, sabe que aún está en situación de negociar. Después de ejecutar su plan maestro y hacer creer a todo el mundo que está muerto, por fin, está delante de ella.

Ella le ha dicho que sí. Que quiere volver a ser su piloto. Suricato se ha venido arriba y sabe que la negociación está saliendo bien.

Casi bien.

Ahora las cosas están un poco tensas porque ella le está apuntando con un arma. Pero Suricato, el de verdad, sabe que aún está en situación de negociar.

Porque el también está apuntandole a ella.

-Vale, tranquila que aquí nadie va a disparar al otro.

Ella abre un poco más sus ojos verdes y no baja el arma.

-¿Verdad?- Pregunta Suricato.

Detrás de ellos sobresale la aleta roja de la nave de Clow, que sobrevuela la zona en marcha por si las cosas se ponen feas. No tienen por qué ponerse feas si es capaz de controlar la situación:
– A la de tres, guapísima, vamos a soltar las armas. Todo va a salir bien, los protas se salvan y nos vamos en nuestra nave ¿ok? nos vamos a una playa desierta.
-Vale.

Ella aún está temblando. Un negociador le habría dicho a Suricato que no era buena idea soltar el arma.

-A la una

Parece que nunca aprende.

-A las dos

Ella no la va a soltar.

A las tres.

Suricato arroja el arma al suelo y ella sigue con el dedo en el gatillo. Se acaba inmediatamente la negociación.
-Guapísima, baja el arma. No tenemos porqué hacernos daño.

Ella asiente. Suricato cree que se salva. Le encaja además porque su plan maestro incluía fingir su muerte, viajar en el tiempo, ha robar una nave y volar hasta ella.

Sólo por eso esta historia no podía tener un mal final.

 


 

Finales de marzo. 2017.

una pareja disfruta del sol en la terraza de una cafetería. Por los gestos y la manera de mirarse parece que se están poniendo al día: hablan a ratos de ellos y porque hablan a ratos de otras cosas.

Él le acaba de preguntar a ella que si ha visto Lalaland.

Parece que sólo quiere hacer que se confíe, porque entonces él le suelta una segunda pregunta mucho más difícil:

-Fue a buscarte, ¿verdad?

Se miran fijamente a los ojos. Ella responde que sí. Para aligerar el ambiente, además, sonríe.

-Hacemos una cosa. No me digas donde está.

-¿Por?- Realmente ella no lo sabe.

-Me gusta pensar que Suricato, simplemente, se fue.

Ella entonces baja un poco la sonrisa y respira aliviada.

Respira aliviada porque sabe que al final no bajó el arma.

Respira aliviada porque hubiese sido muy desagradable explicar que al final, ella disparó.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s