Pase un buen día

Siempre era verano en Voodoo Islands. Cuando además también lo era meteorologicamente hablando, aún era más verano.

La choza principal por dentro parecía sacada del videojuego Monkey Island. Cosas como usar un boomerang como tope de puerta reafirmaban el símil. Además, estaba hasta arriba de objetos, fotos, peluches, balones, papeles, y siempre que quedaba un hueco para algo que recordaba que era verano, más verano, y que estábamos en una isla.

Había aterrizado mi caza personal en la playa y desconectado la comunicación por radio. Desde que nos habíamos ido del edificio de Atomic Media el equipo pilotaba solo y nos reuniamos en bares y puertos espaciales.

Voodoo Island estaba en mi mapa de puertos espaciales seguros. La última vez que estuve alli consegui uno de mis anillos para reforzar el efecto del pendiente. La razón de mi visita esta vez no era ningún anillo.

Había vuelto a Voodoo Islands rezumando Glycerine por todos mis poros, y solo iba a necesitar a uno de los tres maestros del Voodoo para dejar un pequeño tarrito con explosivo allí.

Le puse el tarrito con el explosivo sobre la mesa y me ignoró.
-Cuentame tío, ¿Que tal te va todo?
-Bien, estamos ya a punto de hacer algo gordo. ¿Has visto el tarro ese? Creo que te interesa.
-¿Que hace?
-¿Aqui en Voodoo Islands tenéis instagram?
-Si

Después de enseñarle lo que podría provocarle con esa “muestra gratis” aquel Voodoo Máster no podía dejar de mirar el tarro de Glycerine que le había dejado sobre la mesa.

Así supe que ya había hecho todo el daño posible. Me despedi, prometí que volvería y despegué mi caza.

Conecté las comunicaciones. Como siempre, había alguien conectado en red.
Casi siempre, más de uno.
-¿Pablo?- Jao estaba siempre nervioso. Mientras su nerviosismo no fuese contagioso era un buenísimo compañero.
-Dime.
-He estado mirando portátiles y teléfonos…

En ese momento se conectó el hombre de confianza. Vigilaba el registro de Glycerine y ya había visto que lo estaba propagando en pequeños tarritos.
-Pablo, ¿Sabes lo inestable que es esto?
-Te dije que pojdia empezar a moverlo ya.-Le respondí.
-Pues cruzad los dedos chavales. Si explota uno explotarán todos.
-Vaya- Los nervios de Jao no estaban para más problemas. Estaba encargado de descifrar el mapa del tesoro que nos prometía un botín bastante interesante para mejorar todas las armas y dispositivos que teníamos en Atomic Media. Pero antes teníamos que saber que íbamos a hacer con el tesoro. De mientras estaba yo repartiendo tarros con una sustancia explosiva y cruzando los dedos para que fuese estable. Con tanto estrés general solté la coña:
-¿Tu has sido bueno? Si has sido bueno lo puedes pedir.
-Venga ya, en serio

Guarde silencio. No por la delicada estabilidad de Glycerine, que era muchísimo mayor de la vez que me la conecté al pecho allá por los Atomic Days. Guarde silencio por lo que dijo Jao.

“Venga ya. En serio”.

Primer fogonazo
Noche oscura. Algunas estrellas. Césped y el río de fondo.
-Me gustas cuando hablas en serio. Pero siempre acabas haciendo una broma. ¿Porqué?
-Supongo que por protección.
-¿Protección?¿De quién? -Me preguntaste por los ojos y me mirabas con tus pecas. Con todas ellas.

Por suerte el caza tenía piloto automático y podía permitirme el lujo de poner la cabeza en otro sitio. O en ningún lugar. La comunicación seguía abierta y estaba el resto del equipo en silencio.
El ruido de las teclas, una melodía lejana o un carraspeo nos recordaba que seguíamos en línea. Mi panel ya marcaba ruta a las ruinas de la mansión, habilitada ahora como una plataforma de aterrizaje subterránea.

Podría aterrizar más rápido, pero entonces no disfrutaría de la belleza de ver los restos de lo que quedaba de la fachada gótica desde dentro.
-Chavales, cierro ya por hoy.

Tenía la cabeza en otro sitio.

Segundo fogonazo
-¿De quién te proteges?
-No lo sé. De mí. Supongo. Mira, ahora es justo cuando tu vida se va a la mierda.
-¿como que a la mierda?
-Todo mal
-Eso te pasará a ti.
-Se va a la mierda porque es justo ahora cuando te das cuenta que nada va a salir como lo planeaste. Que ahora es cuando más fuerte tienes que agarrar el timón porque hay una tormenta y de las gordas.
Soplaba una brisa veraniega que te invita a no moverte del sitio hasta que saliera el sol a nuestras espaldas.

El sistema de la nave enfriaba los motores una vez en tierra. Una pasarela nueva, reluciente, comunicaba la plataforma de aterrizaje con la enfermería de la Zona Cero.

Me dirigí hacia allí porque sabia que me estaba pasando algo. Por suerte la enfermería seguía siendo funcional y tenía un escáner donde poder analizar qué genes S habían reaccionado.

Ahora sí que llegaba la música del loft allí abajo. Otra de las modificaciones que había hecho era instalar un repetidor wifi, y ahora con música ese edificio subterráneo me llenaba de paz.

Los resultados de la analítica tardarían unos cinco minutos. Jugueteé con uno de los anillos y miré todo el complejo subterraneo a través del panel de cristal de la enfermería.

Tercer fogonazo
Mirabas fascinada el anillo en tu mano con curiosidad gatuna, como si fuese una piedra de las caras.
-¿Entonces yo que soy? ¿Un gen nuevo, una mutación, alguien contaminado, otro experimento?…

Si me haces pensar la respuesta con una pregunta imagínate cuando la pistola va con cinco balas. Me quedé en silencio.
-…¿soy un virus?
Seis balas.

Esquivé cada pregunta disparada en silencio, sonriendo, oliendo el césped y viendo las estrellas.
-¿Que nos está pasando?

Headshot.

Esa no la podía esquivar.
-No lo sé. De verdad que no tengo ni idea.

El ordenador de la enfermería emitía un pitido largo antes de dar los resultados. Cuando sonó, segui observando el jardín desde la cristalera, como si quisera ignorar el informe que estaba presentando en la pantalla.

Porque si bien no tenía ni idea de lo que estaba pasando, sí que sabía que a mis espaldas el mensaje que había salido en pantalla era que “no se han detectado mutaciones / reacción de los genes S dentro del organismo del Sujeto B”.

Casi. El informe acababa con “Pase un buen día”.

enfermeria

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Un comentario en “Pase un buen día

  1. Pingback: La brutal cuenta atrás – Pues yo el otro día

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