Viernes.

Recogi mi cuarto, cerre los ojos y ya estaba en el refugio de Suricato. Desde alli se veia la barca que había construido durante la semana. Estaba lista, reluciente, y como los remos, listos para ser estrenados.

Comenzaba la diversión.

Los cojones.

Los cojones porque desde que salí del valle el trayecto en barca se había convertido en un puto coñazo, muy tranquilo y demasiado monótono. Y ni siquiera había cosas a destacar del paisaje. Uno o dos putos cactus y muchas, muchas putas dunas.

Por eso me llamo tanta atención la casa. De unas de esas putas dunas que he mencionado antes surgió, atravesandola, una estructura enigmatica de hormigón y madera. El sonido de los pájaros indicaban que había árboles muy cerca. Me acaricié el pendiente y los anillos para reforzar el efecto que tenían en mi.

Porque si me los hubiese quitado ya habría saltado al agua, corrido hacia la duna, asaltado aquel edificio y ya que estamos, prendido fuego a la barca para hacerme una antorcha con la que explorar toda la zona.

Sin importar que serían las doce de la mañana y estaba todo perfectamente iluminado. Era un día soleado y fantástico.

Con brisa suave.

Sin los anillos y el pendiente no podria haber mantenido a raya el comportamiento de Suricato. Gracias a ellos pude esperar en la barca. El muelle estaria cerca.

Cuando el rio rodeó la duna, el edificio aquel me dió otra sorpresa más. Tras la duna crecian la hierba y los árboles, había pájaros y una piscina que debía su agua al rio. Dentro de la piscina habia algo mucho mejor que un muelle. Una terraza con pergolas, dos tumbonas y un coqueto minibar. Parecía sacado de un videoclip de Jamiroquai, confirmando mis sospechas.

Eso sólo lo podía haber construido Suricato.

Pero había más en aquella zona que lo alteraba todo. Más allá del estanque, entre los árboles, se encontraban los restos de una escalinata destrozada. Y un poco más allá, arriba, fantasmagórica, los restos de una mansión que tuvo que ser bastante grande.

Sí eso también había sido obra de Suricato, tenía que saber porque había construido algo tan enorme.
Y tan clásico.

Deje atras la barca, y caminé hasta la mansión.

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